El otro motivo para ahorrar

COLUMNA DE OPINIÓN

Los macroeconomistas identifican dos motivos principales para ahorrar. El primero es el motivo de ciclo de vida. Las familias buscan evitar caídas significativas en su consumo, por ejemplo, al momento de jubilarse, por lo que ahorran durante su vida laboral para suavizar la transición hacia la vejez. El estudio de este motivo contribuyó a que Milton Friedman recibiera el Premio Nobel de Economía en 1976 y Franco Modigliani en 1985.

El segundo es el motivo precautorio. Las familias también ahorran porque pueden perder su empleo, enfrentar problemas de salud o ver cerrar su negocio. Las discusiones académicas que Robert Hall inició sobre este tema en los años 70 son una de las razones por las cuales recibió este año el Premio Nobel junto a Michael Woodford.

En 1978, Hall publicó un artículo con una conclusión incómoda: en el modelo matemático que desarrolló, las familias no ahorraban por razones precautorias. El resultado fue sorprendente porque, unos años antes, Kenneth Arrow, Premio Nobel de Economía en 1972, había aportado herramientas matemáticas para modelar el hecho de que a los hogares no les gusta la incertidumbre.

Los economistas llaman a este fenómeno “aversión al riesgo”. Sin embargo, a pesar de apoyarse en estas herramientas, Hall llegó a un resultado en el que el ahorro no dependía de ese factor. Esto planteó a la profesión el desafío de desarrollar nuevos conceptos para comprender bajo qué condiciones el motivo precautorio podía ser importante.

Esta necesidad se enmarcó en la influencia que tuvo Robert Lucas, Premio Nobel de Economía en 1995, sobre la investigación macroeconómica. Su planteamiento era que la macroeconomía necesitaba microfundamentos, es decir, modelos que explicaran con detalle los motivos racionales detrás de las decisiones individuales que terminan provocando cambios a nivel macroeconómico.

Desde esta perspectiva, una contribución fundamental de Hall fue profundizar en cómo las familias toman decisiones de ahorro bajo incertidumbre y, sobre todo, abrir espacio para que otros economistas avanzaran en esa dirección. Por ejemplo, Miles Kimball introdujo en 1990 el concepto de “prudencia”, una propiedad matemática distinta de la aversión al riesgo, pero necesaria para explicar, en determinados modelos, por qué una mayor incertidumbre incentiva a los hogares a ahorrar más.

La influencia de estas discusiones durante las últimas décadas ha sido considerable. Buena parte del impacto de las políticas macroeconómicas depende de la importancia del ahorro precautorio. Por ejemplo, al comparar un sistema de pensiones basado en reparto con uno de capitalización, este motivo constituye uno de los canales relevantes para el análisis. Por un lado, el sistema de reparto puede aliviar la incertidumbre de los hogares respecto de sus ingresos futuros. Por otro, si esa incertidumbre incentiva el ahorro, este esfuerzo puede tener consecuencias positivas para el financiamiento del desarrollo económico, lo que constituye un argumento a favor de la capitalización. Como sabemos, Chile ha tenido intensas discusiones sobre estas políticas desde el estallido social.

Otro concepto estrechamente relacionado con el ahorro precautorio es lo que los macroeconomistas llaman la “propensión marginal a consumir”. Esta mide cuánto consumen los hogares de cada peso adicional que reciben y, por lo tanto, cuánto destinan al ahorro. La efectividad de diversas políticas macroeconómicas orientadas a estimular la demanda agregada depende de esta propensión. Si queremos enfrentar una crisis mediante incentivos para que los hogares consuman más, esas políticas serán menos efectivas cuando la propensión marginal a consumir sea baja.

La contribución de Hall también tuvo una influencia importante en esta dirección. El modelo de ahorro amortiguador que Christopher Carroll desarrolló en los años 90 ayudó a comprender por qué los hogares de menores recursos suelen tener una mayor propensión marginal a consumir y, por lo tanto, por qué las políticas de estímulo a la demanda pueden tener un impacto mayor cuando se dirigen a ellos. La discusión chilena de 2020 y 2021 sobre las transferencias fiscales y los retiros previsionales estuvo, en el fondo, relacionada con este fenómeno.

Los modelos macroeconómicos modernos conocidos como HANK, desarrollados a partir de las contribuciones de investigadores como Kaplan y Violante, difícilmente habrían surgido sin la influencia de Hall en los años 70. Estos modelos incorporan las diferencias en la propensión marginal a consumir entre los hogares dentro de un marco macroeconómico que comienza a utilizarse en los bancos centrales para analizar el impacto de la política monetaria.

Hay algo instructivo en que el artículo más citado de Hall sea uno cuya predicción central no encontró respaldo en la evidencia. Hall no acertó con el paseo aleatorio; acertó con la pregunta.

Friedman y Modigliani explicaron por qué ahorramos para la vejez; Arrow, por qué tememos al riesgo; y Lucas, por qué las políticas deben evaluarse a partir de cómo deciden las personas. Hall reunió estas ideas en una ecuación, la puso a prueba y, al comprobar sus limitaciones, abrió la puerta al otro motivo para ahorrar. Ese es el premio.

AUTOR: ALEXANDRE JANIAK
FUENTE: EX-ANTE

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